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“Yo pienso que para las bibliotecas públicas y escolares, en esta nueva normalidad, vienen tiempos difíciles en el sentido que vamos a vivir en sociedades con más miedo, sociedades más dañadas en muchos aspectos; sociológicos, psicológicos, económicos, laborales. Pero en este contexto es cuando la biblioteca puede ser más interesante, un poco por las funciones que puede desempeñar y no sólo me refiero a la oferta de ofrecer talleres, actividades… Sino también en el sentido de poner otros funcionamientos que, igualmente, son bibliotecarios y más relacionados con lo que podríamos llamar: construcción de comunidad. Aspectos relacionados con lo que es la conversación, con lo que es la escucha, con lo que es el reconocimiento de los saberes de la gente de esa comunidad donde está inserta la biblioteca pública”. Afirmó Ramón Salaberria, en la charla organizada por Querer Leer A. C. y el IV Comité Regional CONALMEX-UNESCO; “Bibliotecas públicas y escolares: espacios de construcción social”.

Ramón Salaberria, bibliotecario por la Escuela Nacional Superior de los Bibliotecarios de Francia y con más de 30 años por la senda bibliotecaria, rememoró que en un duro invierno francés, sin dinero, él y su hermano hicieron de la Biblioteca del Centro Pompidou su refugio. Fue ahí, asegura, donde se “cayó del caballo” y empezó a ver la vida desde la biblioteca pública y desde esa visión, pasado los años, afirma categórico: “Para mí la biblioteca pública es la herramienta educativa más poderosa que conozco”.

Para él, la importancia de la biblioteca pública radica en que es una estructura para las personas que ya no están en la escuela, es decir, que ya no están en un contexto educativo y que necesitan “resetearse”, obligados por el propio sistema económico. “Las bibliotecas son espacios de autoaprendizaje, de aprendizaje colaborativo para el ciudadano en sociedades tan condicionadas por la perspectiva económica, laboral. Espacios de construcción de sí mismos, de construcción comunitaria”, reitera.

Doctor en Ciencias de la Educación por la Universidad del País Vasco, Ramón Salaberria, cuando se refiere a la biblioteca escolar, expresa que la fortaleza de esta estriba en que por la escuela pasa toda la población de un país. A partir de ese hecho ve el sentido estratégico de la biblioteca escolar. La concibe como una especie de gimnasio para el desarrollo de habilidades relacionadas con eso que se llama la información. Sin embargo, observa que en un contexto inundado por el libro de texto, cómo es el sistema educativo mexicano y de muchos otros países, es muy difícil abrir la brecha de la biblioteca escolar. A más libros de texto menos biblioteca escolar.

“Son estrategias opuestas. Nosotros somos de países, sociedades, dónde para estudiar nunca se ha necesitado la biblioteca escolar. Tú puedes cursar una licenciatura sin pisar una biblioteca escolar, una biblioteca universitaria. Son sistemas caducos centrados en la lección magistral; una persona, un maestro, un especialista que oralmente transmite una serie de conocimientos para que tú, el día del examen, respondas. Es un sistema donde la biblioteca tiene una función paraescolar. No está inserta en la vida escolar, no forma parte del núcleo educativo de la escuela. Los profesores en sus estudios educativos en las Normales no han sido entrenados, formados para trabajar en una biblioteca. El concepto de biblioteca escolar es como algo accesorio, cómo algo anexo”, insiste quien fungiera un lustro como subdirector de la Biblioteca Vasconcelos.

A pregunta expresa del público atento, sobre la importancia de sumar un bibliotecólogo profesional a la escuela, Salaberria admitió que eso es casi imposible por el número enorme de centros educativos en el nivel básico, pero propone formar pequeños equipos integrados por docentes, alumnos, padres y madres de familia. No dejarlo todo en la responsabilidad de una persona. Para él, lo importante es que la biblioteca esté presente en la escuela, que no exista como una especie de anexo. Que permanezca integrada a los métodos educativos, planes de estudio.

Autor de títulos como “Bibliotecas públicas y bibliotecas escolares: una colaboración imprescindible”, Ramón Salaberria, lamenta que pongamos los huevos en la canasta infantil y pocas veces presentamos propuestas para gente adulta, los papás de eso niños que todos queremos formar y asegura que es ahí donde se debe trabajar.

“Vamos a unos años bastante difíciles y en ese sentido la biblioteca pública y la biblioteca escolar van a tener pocos recursos y sería interesante que hicieran la lucha de ofrecer en cada biblioteca pública de ese barrio, de esa colonia, un espacio de intercambio de saberes. La oralidad es un aspecto que las bibliotecas deberían potenciar. Además de intercambios de experiencias, de oficios que existen en la comunidad. Porque lana para otro tipo de cosas yo creo que no va a haber”, vaticinó Ramón Salaberria, sin querer ser pesimista, al final de la charla.

Querer Leer y el IV Comité Regional CONALMEX-UNESCO, agradecieron al experto su disponibilidad y convinieron más encuentros para continuar con tan relevante tema.