Seleccionar página

René Alberto López

El caso Culiacán está que arde en las redes sociales, entre los seguidores de López Obrador, los famosos “chairos”, y los conocidos como anti AMLO. ¡Qué bárbaro!, se dan hasta con las cubetas.

Pero ahora se sumará a la arena digital, el tema de los alcaldes que fueron desalojados ayer con gas lacrimógeno de Palacio Nacional.

Lo correcto es iniciar desde el principio. Veamos: Los términos “unidad” y “democracia” son los más vendidos en las campañas políticas. Las plazas públicas se inundan de discursos que con el tiempo pasan a ocupar su lugar en esas cajas viejas, en las que se archiva la historia de la demagogia.

Sin embargo, en los hechos, ya en los gobiernos, nadie abona un gramo por la unidad, cada día la enorme grieta de la división se agigante en México. Vivimos, pues, en un México dividido por obra y gracia de los políticos.

Ya nos gobernaron los rojos, ya estuvieron en el poder los azules y hoy gozan las mieles del Palacio Nacional los vinotinto, pero a ese ansiado, anhelado, soñado cambio, no se le ve ni pies de cabeza.

Ya no nos metamos al tema económico, en el que cualquiera, hasta el menos informado, percibe la inmundicia de la crisis financiera en plenas narices. No habrá crecimiento del 4 por ciento, como habían prometido. Vaya, vaya, ni siquiera un digito, porque este gobierno prefiere los subejercicios, que invertir.

Concentrémonos en el tema de la unidad. Seamos, pues, un pueblo pobres, pero cuando menos unidos en la desgracia, hermanados, eso sería lo ideal. Luchando todos codo a codo por sacar a México, pero es una quimera, un imposible con la turba de políticos que nos gobiernan.

Apenas ayer un grupo de presidentes municipales provenientes de varios estados del país, eran del PAN, Movimiento Ciudadano y PRD, se concentraron frente a Palacio Nacional a fin de solicitarle una audiencia a López Obrador.

Los alcaldes denunciaron que fueron reprimidos, que desde dentro de palacio les aventaron gas lacrimógeno, cuando deseaban hablar con el Ejecutivo federal, pues el próximo año pretenden reducirles el presupuesto para seguridad pública en un 50 por ciento, y dicen que no tienen recursos para el campo ni otras demandas de los ciudadanos.

La Unidad de Comunicación Social de la Presidencia informó que los alcaldes trataron de ingresar a la fuerza por la puerta Mariana de Palacio Nacional, y les arrojaron gas lacrimógeno, para proteger a trabajadores que trabajaban adentro arriba de andamios. Eso alegó el gobierno.

Lo que quise mostrar con este hecho, es otro aspecto de la división que en el día a día se vive en México, en un gobierno que en el discurso había prometido reconciliar a los mexicanos.

Pero nunca se podrá reconciliar nada, cuando no se usa el dialogo, principal herramienta, la más útil en el oficio de la política. Por lo contrario, la cerrazón lleva a reacciones como el enfrentamiento.

La verdad, la verdad, la unidad nacional se debería empezar a tejer desde Palacio Nacional, pero con mañaneras distintas, en la que en serio se rinda culto a una república amorosa.

Porque, pregunto, ¿cómo puede haber paz en México, si el mero machuchón a diario se solaza atizándoles madrizas a los conservadores, a los fifís, a los neoliberales, a los empresarios, a los rojos, a los amarillos, a los azules, a los malos, a los chaparros, a los altos, a los feos, a los güeros, en fin a todo lo que se mueva?

Así, el mejor termómetro para medir el alto y peligroso ambiente de división que se vive en el país, se precisa en todo su esplendor y a diario, en las redes sociales. Ahí, personas que eran consideradas tranquilas, prudentes, humildes, llevados por la pasión choca, tal vez, se desgarran las vestiduras defendiendo a uno y otro bando.

La discordia verbal, en la que predominan los insultos, hoy tiene el nivel de epidemia, pero podría alcanzar el grado de pandemia, por lo que debe tener cuidado el señor de Palacio Nacional, porque la candela sale de sus aposentos, se vive a causa de los frentes que a diario abre y son caldo de cultivos para seguidores y adversarios.

De continuar avivando esta tendencia, a todas luces peligrosa, de seguir creciendo el ánimo de pleitos callejero, ni él podrá pararlo. Sabía el lector que al Presidente, el zapateado tabasqueño que le gusta es: “El rojo y el azul”.

Ahí se las dejo…