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René Alberto López

Aún mis dedos no iniciaban el golpeteo sobre el teclado de mi vieja computadora Compaq, para darle vida a la columna de este martes, cuando sonó mi celular.

Tras este acontecimiento el tema que estaba listo para que hoy lo leyera usted, se guardó en el baúl de los textos pendientes, para publicarlo otro día. Total hablaríamos de política y, dicen que ya aburrimos.

Sigo con esa llamada que irrumpió en mis aposentos. Provenía de un teléfono que comenzaba con el número 55, y opté por no contestar, porque de seguro sería para ofrecerme servicios de telefonía, de algún extorsionador o en el “mejor” de los casos, era de un banco, y no precisamente para ofrecerme dinero.

Volvió a sonar, pero esta vez se escuchó el tono de mensaje, cuyo breve testo decía: “nos puede tomar la llamada. Hablamos de una editorial de la Ciudad de México”.

¡Ah chingao!, me dije. Dudé un momento, pero acepté, aún con desconfianza, pues dije: si es algo raro, cuelgo y ya.  Así que cuando sonó de nuevo el celular, fingiendo una voz de viejo gruñón y gangoso, conteste: “Diga”.

Del otro lado escuché una voz suave y amable al extremo como la de una azafata principiante: “Buenas tardes, señor, gracias por atender la llamada. Le comunico con el licenciado Rodríguez”.

De este modo, me enteré a grandes rasgos del propósito de la llamada, y la verdad, la verdad, no deja de sorprenderme. El representante de la editorial me comentó el interés por llevar a las páginas de un libro unas entrevistas que realice hace algunos años a varios periodistas tabasqueños.

Recordarán algunos de mis lectores que cuando Papiro circulaba de manera impresa, varias ediciones dieron cuenta  de las pláticas con comunicadores de la llamada Vieja Guardia de Tabasco.

Precisamente el 7 de junio de 2011 realizamos una edición especial, en cuyo tabloide aparecieron periodistas con amplia trayectoria en la prensa, que han hecho historia en Tabasco.

Por cierto, muchos de los colegas entrevistados ya fallecieron, ello valió para que de un tiempo para acá, otros colegas, entre serio y en broma, comenzaran a  divulgar que no se dejaran entrevistar por el director de Papiro. Pero nadie se muere la víspera.

Ahora bien, si es cierto que varios de ellos se nos adelantaron, pero nos dejaron su legado con sus diálogos sobre periodismo, entre ellos (+) Eraclio Méndez Burgos, (+) José Antonio Calcáneo, (+) Salvador Antillón Fernández, (+) Carlos Rivera Ortiz,(+) Luis Peralta Murillo, (+) Francisco José Ruiz Rangel, (+) Román Jiménez Rodas, (+) Armando Pérez Chan, (+) Isidoro Pedrero Totosaus, (+) Bartolo Jiménez Méndez, (+) José Frías Cerino, (+) Manuel de Jesús Martínez Ramírez.

También figura otra camada que aún goza de cabal salud, como Luis Andrés Pampillón Ponce, Juan René Colorado Sosa, Josué Pérez Hernández, Melesia del Carmen Rodríguez, Eliud Ramos Domínguez, Manuel García Javier, Juan José Hernández, Guadalupe Felipe Luna, Antonio Caraveo Maldonado, Oscar Ariel Escalante Zapata, Mario Gómez González, María Elena Villareal, Román Pérez Morales, José Chablé Ruiz, Erwin Marcario Rodríguez, Lucrecia Leduc, José Manuel Aguilar, y mil disculpas si se me traspapeló algún nombre.

Así, tras conocer el tema de aquella llamada, no dejé de aterrarme, al saber que una inquietud que tuve, de recoger las experiencias periodísticas de colegas de viva voz, ese trabajo de años, hoy está a punto de ser llevado a la pantalla grande, perdón, a un libro (la emoción me ganó).

Pero no me veo presentando un libro ni firmando algunos de ellos, como he visto que se estila en esos rituales, pues el protagonismo no es mi fuerte. Me considero antisolemne.

Pero hoy se presenta esa oportunidad, aunque faltan detalles como revisar los términos, las condiciones y la tramitología, que detesto, porque algo me dijo de eso el representante de la editorial.

En fin no se pierde nada intentarlo, caminar ese nuevo tramo que nos abre el periodismo. Digo esto porque yo no lo busqué, ellos vieron las entrevistas en el portal de Papiro, y creen que vale la pena ese material.

Aunque también estimo que, para que se interese una empresa de la capital por las voces de periodistas tabasqueños, debe ser porque todo lo de Tabasco ahora cobra plusvalía, por ser la tierra del presidente de México.

Bien dice entonces el colega Armando Guzmán: “hoy los ojos del mundo están sobre Tabasco”.

Ahí se las dejo…