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Eugenio Hernández Sasso

Si la soberbia se lo permite, Andrés Manuel López Obrador podría enderezar el barco y, en el segundo tercio de su gobierno, cambiar las cosas para que su aceptación en el pueblo no siga en picada.

Las mentiras no le han resultado del todo bien, pues para sostenerlas ha tenido que inventar otras, hasta que el pueblo, su principal aliado en 2018, ha dejado de creer sus dichos y solamente él y sus lisonjeros creen sus falsedades y piensan que todavía tienen el control de las cosas.

Durante 18 años López Obrador prometió al pueblo de México que solucionaría todos sus problemas. Como candidato a la presidencia de la república, durante tres sexenios, resolvía en sus discursos cualquier dificultad que el país enfrentara y calificaba de incapaces y corruptos a quienes administraban el poder en ese tiempo. La gente le aplaudía.

Sin embargo, como presidente, se olvidó de lo planes para arreglar las cosas. Es el gobernante con la mayor cantidad de excusas y, en la medida que avanza su administración, salen a la luz pública acciones deshonestas que ponen en riesgo su presumida calidad moral.

Se pudo comprobar ahora, con la venta de cachitos de la Lotería Nacional para rifar un avión que no llevó como premio la aeronave sino cien galardones de 20 millones de pesos cada uno, que los 30 millones de ciudadanos que votaron por López Obrador en 2018 le hicieron prácticamente el vacío, pues de 6 millones de boletos que se pusieron a la venta, empresarios afines a su gobierno adquirieron 3 millones y el Instituto de Salud para el Bienestar (Insabi) un millón.

Si esos son los números y los resultados oficiales indican que finalmente se vendieron 4 millones 685 mil cachitos que representan 2 mil 342 millones 900 mil pesos, ¿Cuántos ciudadanos en realidad compraron boletos?

Si, además, se deslinda toda la inversión hecha por el gobierno para la realización del sorteo y la compra de billetes de lotería, así como el total equivalente a los premios ¿De cuánto es la ganancia que se tiene para invertir en el sector salud? ¿Valió la pena? Políticamente no y económicamente quién sabe.

Y si hablamos de la convocatoria para recolectar firmas para llevar a juicio a los ex presidentes de la república también verificaremos que sus seguidores van en decadencia, porque un día después de anunciar que contaban con la mitad de las rúbricas, ¡sorpresa! Se lograron los dos millones que se requerían para tal efecto y, en la víspera, el presidente tuvo que enviar un oficio de petición al Congreso de la Unión, por si las dudas y no alcanzaban a cuadrar las cifras en tiempo y forma.

¿Que ha pasado entonces? Qué en las conferencias mañaneras y en los discursos oficiales se dibuja un país en jauja, pero la realidad en toda la república es otra. La gente no tiene empleo porque no hay desarrollo, sufre de inseguridad porque hay pobreza y frustración, la corrupción sigue arriba y abajo, los crímenes van a la alza y no hay forma de revertir las cifras.

Se presume la recuperación de cien mil empleos en el mes de agosto, empleos que no generó el gobierno sino empresarios que vuelven a arriesgarse porque quieren producir. Sí, esos empresarios a los que el gobierno les dio la espalda en plena pandemia, son los que exponen su capital para recuperar la economía del país y generar plazas laborales.

Yo me imagino que todos en México han de recordar aquella promesa de que Andrés Manuel iba a distribuir equitativamente la riqueza porque no podía haber pueblo pobre en un país rico; esto significa que antepondría el beneficio de los pobres sobre los intereses de grupos de poder y, desafortunadamente, todo indica lo contrario.

Todo resultó una falsedad, porque si analizamos “a vuelo de pájaro” las cosas, veremos que en este gobierno de la llamada Cuarta Transformación todo ha resultado al revés.