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Eugenio Hernández Sasso

Este viernes, Día del maestro, los mentores no festejaron como siempre. Quienes se dedican a establecer las bases educativas para la formación de ciudadanos profesionales, productivos y de bien, se abstuvieron de agasajos y se sometieron al confinamiento que demanda la pandemia como estrategia para su contención.

Desde este espacio le hacemos un reconocimiento a su titánica labor, porque en tiempos de covid-19 los profesores, en su totalidad, han tenido que ajustarse a nuevos modelos de educación a distancia, así como aprender a utilizar herramientas que ofrecen las nuevas Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC), para enseñar a sus alumnos y llevarlos con éxito a la culminación del ciclo escolar 2019-2020.

En estos momentos de crisis la mayor tristeza del magisterio no es la de no haber recibido el acostumbrado reconocimiento que el gobierno les hace año con año en un evento público, tampoco la de no reunirse para convivir con sus compañeros, sino la mayor angustia de los pedagogos fue la de no dar clases presenciales y la de confirmar la falta de herramientas (computadoras, tablets, teléfonos celulares inteligentes y acceso a Internet) que limita a muchos niños para recibir clases a distancia. ¡Esa es la realidad!

Hay maestros y maestras que por su vocación y ante la impotencia de no poder hacerles llegar la información correspondiente a sus niños, se han visto obligados a romper el confinamiento y salir a entregar a domicilio, personalmente, los cuadernillos correspondientes para que sus escolares no se vean afectados en el proceso de enseñanza-aprendizaje.

Podrían quedarse en su casa cómodamente, sí; podrían cobrar su salario sin dar un golpe y poner calificación al alumno para que apruebe su ciclo, también; pero esa no es su aptitud, el maestro tiene por vocación enseñar para que se formen profesionales como los médicos y médicas, enfermeras y enfermeros, camilleros y camilleras, así como personal administrativo que hoy están al frente de la batalla en los hospitales, exponiendo sus vidas para salvar la de otros.

¿Cuándo volveremos a la normalidad? Nunca, señaló el doctor Hugo López Gatell en una entrevista de televisión, lo cual quiere decir que a partir de esta pandemia muchas cosas van a cambiar, inclusive, en el modelo educativo del país, si es que los gobernantes así lo desean.

Sin embargo, también es importante la celebración del Día de la familia en esta misma fecha y está por demás señalar que en este tiempo el confinamiento obliga a mejorar la relación entre padres e hijos, sobre todo porque los primeros siempre se la pasan en sus centros laborales, llegan cansados y estresados a sus casas y no cuentan con tiempo para convivir con sus retoños.

De las adversidades debemos aprender, debemos adquirir experiencias, y si los padres aprovechan todo el tiempo que ahora tienen para fortalecer vínculos con sus hijos, seguramente fortalecerán su identidad y conocerán, tanto unos como otros, cosas que hasta ahora no habían sido reveladas o no se habían percibido. Es decir, si se saben aprovechar las circunstancias del infortunio, al final todos saldremos ganando.

Ante esta situación, es necesario que los padres de familia ocupemos un tiempo para la reflexión con nosotros mismos, planear o replantear nuestras metas y proyectos para seguir adelante, pero sobre todo reconectarnos con nuestros cónyuges y nuestros hijos para vivir mejor.

Uno de los problemas más graves del mundo es la ruptura familiar, la discrepancia entre los miembros de la familia que causa severos problemas en las nuevas generaciones. ¡Reflexionemos! Tenemos todo el tiempo del mundo gracias al coronavirus.