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Eugenio Hernández Sasso

Existe una ley que aun cuando muchos la nieguen o no la quieran aceptar, siempre va a estar presente y, en el momento justo, dará sus frutos; se llama la “Ley de la siembra y la cosecha”, y es una norma mediante la cual no se puede engañar a nadie, pues todo lo que el hombre siembra lo habrá de cosechar en el futuro.

Los recientes bloqueos a carreteras estatales y federales, así como a caminos en diferentes comunidades de Tabasco, no fue más que el fruto de la rebeldía y el “agandalle” sembrados contra las autoridades desde hace 32 años. Así que ahora nadie debería quejarse por las consecuencias de aquel adoctrinamiento.

Para que ustedes, mis fieles cinco lectores, recuerden bien el asunto, les voy a relatar una historia. Hace 32 años, cuando nació la verdadera oposición al gobierno en Tabasco, el líder de aquel entonces arengó a la gente a protestar por todo, tuvieran o no razón, y el pueblo empezó a seguirlo porque su discurso estaba enfocado hacia lo que querían oír y hacer los más pobres de esta sureña entidad: chantajear al gobierno.

En ese tiempo, quienes ostentaban el poder, tenían que aceptar marchas, mítines, bloqueos de carreteras y pozos petroleros, pues si en algún momento querían aplicar la ley y hacer efectivo el famoso Estado de Derecho, se les acusaba de represores. Entonces empezó a vivirse una especie de anarquía, porque los gobernantes temían enemistarse con el pueblo y perder el sagrado voto que los expulsara del dominio.

Así transcurrieron los días, las semanas, los meses y los años, y ese líder creció, se convirtió en presidente nacional del Partido de la Revolución Democrática (PRD), gobernó la capital del país, fue postulado, por esa organización política, dos veces como candidato a la presidencia de la república, luego formó su propio partido y, en 2018, se convirtió en presidente de México.

En su camino sembró odio, enseñó y modeló con singular aptitud la rebeldía, la gente aprendió a protestar por todo y a no proponer nada; los gobernantes de ese entonces llamaron a esa estrategia la “industria de la reclamación”, y los protagonistas del “cambio” le denominaron “movimiento democrático”, pues consideraban que por encima de la ley estaba el poder del pueblo.

Sin embargo, ahora que esos impulsores de la desobediencia y la sedición llegaron al poder, no les gusta que los critiquen ni con el ruido de una tecla, ni con la letra de una palabra; son tan, pero tan sensibles, que han adecuado las leyes para reprimir al pueblo porque las protestas son cada día mayores y no les agrada que la gente exija lo que por derecho le corresponde y lo que por adoctrinamiento aprendieron.

Ahora, en la inundación provocada por el frente frío número 4 y los irresponsables y desmedidos desfogues de la presa hidroeléctrica Peñitas, el gobierno y sus defensores criticaron a quienes tomaron las calles y bloquearon diferentes vías de comunicación. Dijeron que entre ellos había muchos que ni siquiera se fueron al agua para que exigieran que los incluyeran en el censo que los siervos de la nación hicieron para que la Secretaría de Bienestar les pagara 10 mil devaluados pesos.

¿De qué se quejan? ¿Acaso no fueron quienes hoy gobiernan los que enseñaron al pueblo a reclamar por todo y a exigir al gobierno que les diera dinero por cualquier cosa? si al final de cuentas es el dinero de ellos, es el dinero de sus impuestos, decían en antiguas arengas que hoy les duele y les lastima recordar.

Sassón

En Paraíso hay una cantidad enorme de aspirantes a la alcaldía; sin embargo, es Jesús Alejandro Almeida, mejor conocido como Chucho Almeida, quien podría convenirle a Morena como candidato a esa municipalidad en estos tiempos en que la 4T construye la Refinería de Dos Bocas. Él es ingeniero de profesión y, seguramente, podría contribuir desde el gobierno municipal con todo lo necesario en ese proyecto tan importante para el presidente Andrés Manuel López Obrador, para Tabasco y para el Sureste de la república.