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Eugenio Hernández Sasso

Alejandro Moreno Cárdenas, el joven político que gobernó con eficacia y eficiencia el estado de Campeche, demostró el domingo 18 de octubre que cuando los priistas votaron por él para colocarlo en el liderazgo nacional del Partido Revolucionario Institucional (PRI) no se equivocaron. Eligieron al hombre correcto en el momento preciso.

El PRI venía de una derrota contundente en 2018 y necesitaba una persona con la fuerza, el vigor y la capacidad para unir a ese fragmentado partido. Trabajar de día y de noche en todo el país, a fin de recuperar los espacios perdidos, no era una opción sino una necesidad para quien asumiera el reto.

El domingo 18 de octubre, “Alito”, como le dicen cariñosamente en Campeche, logró su primera victoria al frente de esa organización política. Lo que parecía imposible por la falsa percepción de invencible que algunos le han creado a Andrés Manuel López Obrador y Morena, Alejandro Moreno lo logró, pues no sólo ganó sino que arrasó en los comicios de Coahuila e Hidalgo.

Las encuestas cuchareadas divulgadas por chairos y amlovers, así como los escritos de “textoservidores”, “chairoteros” y compañía, indicaban que el PRI no podría triunfar en ningún municipio ni distrito de ambas entidades porque la popularidad del presidente estaba en el cielo; sin embargo, la realidad fue otra muy distinta a la fantasía gubernamental y el tricolor ganó las 16 diputaciones en disputa en Coahuila y 32 municipios en Hidalgo.

Esto nos lleva a dos cosas: Morena no es invencible ni la popularidad de Andrés Manuel López Obrador es real. Morena no tiene estructura, no tiene liderazgo, es como una gallina sin cabeza que solo da tumbos y, debido al mal gobierno que representa, se convertirá en “un ave de paso que llegó ayer, gobierna hoy y se irá mañana”, como lo afirma el campechano “Alito”.

El pueblo no es tonto, “nota, anota y vota”. La gente observa las acciones de sus gobernantes, escucha las mentiras de políticos que, investidos con una falsa percepción de convertirse en salvadores de la patria, pretenden engañar al ciudadano con falsas promesas que nunca cumplen. No se dan cuenta que en una democracia el poder radica en la gente. Ellos quitan y ponen gobernantes.

Imagínense ustedes mis fieles y leales lectores, que “haiga sido como haiga sido” al PRI le llevo casi 90 años hartar al pueblo para que lo sacarán del poder; el PAN solo duró 12 años y, ¿Qué creen? A Morena le han bastado dos años de descomunal desgobierno para desalentar hasta a los funcionarios que rodean a López Obrador y alguno que otro gobernante arropado por las siglas de Morena.

Hablaron de elevar la economía y resulta que el país está más pobre que nunca, dijeron que darían salud y atención médica de primer mundo y la gente se muere porque en los hospitales no hay medicamentos, dijeron que acabarían con la corrupción y barrerían de arriba hacia abajo y los primeros involucrados en actos deshonestos son los hermanos y cuñadas del presidente. ¿Así quién les va a creer?

Sassón

Hasta el momento de redactar esta columna se mencionaba a Emilio Contreras Martínez de Escobar como el posible sucesor de Marcos Rosendo Medina Filigrana en la Secretaría de Gobierno; sin embargo, recordemos que el notario público no ha querido involucrarse en los asuntos de gobierno. Entonces, si es que el actual encargado de la política interior decide renunciar para ir en busca de un cargo de elección popular, podría sucederlo Jaime Lastra Bastar y, en la Fiscalía General de Justicia, estaría de regreso Ángel Mario Balcázar Martínez. Así se consolidaría el equipo.