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Eugenio Hernández Sasso

Le costó cinco años 10 meses recluido en un penal y en su domicilio particular de la Ciudad de México, pero “El Químico” Andrés Granier, ex gobernador de Tabasco, lavó su nombre al comprobar su inocencia ante los instancias legales correspondientes.

Andrés Granier ha sido un hombre perseverante y, como dicen en Tabasco, “derecho”, por eso cuando se enteró de las denuncias que habían en su contra, voluntariamente acudió ante las autoridades para aclarar las cosas y limpiar su nombre.

En aquel entonces bien pudo quedarse a vivir en el extranjero y permanecer “prófugo de la justicia”, como algunos de sus colaboradores que jamás pisaron la cárcel; él sabía que no habían elementos para juzgarlo pero ignoraba que Arturo Núñez, por presión de Andrés Manuel López Obrador, se había propuesto verlo en la cárcel.

Actualmente El Químico Granier se autodefine como víctima de una persecución política que le causó daño moral irreversible a él y su familia. Seguramente iniciará algún procedimiento legal en contra de quienes con falsos argumentos lo llevaron a perder su libertad.

Además, buscará reunirse con los tabasqueños para explicarles a detalle el asunto, a fin de que la historia registre con precisión el motivo por el cual fue víctima y quienes fueron sus victimarios.

Andrés Granier Melo goza, a pesar de todo, de la simpatía de mucha gente que atendió y ayudó cuando gobernó su estado. Estos automáticamente lo exhoneraron de los delitos que sus enemigos políticos le imputaron en su momento.

Por ello, el día que se presente en Tabasco se notará la diferencia entre él y su sucesor Arturo Núñez, calificado como el peor mandatario de la entidad y a quien juzga el pueblo, no las autoridades ni sus adversrios.

Granier seguramente podrá caminar por las calles de Villahermosa sin que nadie lo insulte y recibirá el saludo y el abrazo de miles de personas que están agradecidos con él.