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Eugenio Hernández Sasso

La desaparición del cabildo de Macuspana empieza a tomar relevancia nacional y a causar repercusiones que carcomen la imagen del presidente de México, Andrés Manuel López Obrador. Como ya hemos escrito en ocasiones anteriores, a Roberto Villalpando Arias nunca “le cayó el 20” que tenía a su cargo la administración del municipio donde nació el propietario de Morena y eso lo llevó al fracaso como alcalde.

El presidente de la república tuvo que releer, el viernes en su conferencia mañanera, aquella carta en la que se deslinda de sus familiares cercanos y lejanos y afirma que si cometen algún delito serán juzgados, a fin de aclarar una publicación nacional en la que se señala a su cuñada, Concepción Falcón Montejo, ex síndico de Hacienda del ayuntamiento de Macuspana, como parte de esa administración en la que existen presuntas irregularidades en el manejo de 223 millones de pesos.

El gobernador de Tabasco, Adán Augusto López Hernández, informó (según Chucho Ramírez) que todavía no está declarado ningún desfalco en el gobierno del municipio porque la cuenta pública de 2019 será revisada por el Congreso del Estado a finales de septiembre y la de 2020 hasta el año próximo; sin embargo, el diputado perredista Ricardo Fitz, señaló que existen anomalías hasta por 355 millones de pesos en esa localidad.

Pareciera como si la familia de López Obrador, al igual que Villalpando Arias, no ha entendido el mensaje de honestidad del presidente de México y comete errores que socavan la calidad moral y merman la calidad política del jefe del Ejecutivo federal; esas acciones hacen que el presidente se enemiste aún más con los medios de comunicación y trate de zafarse de la corrupción y la impunidad que, dicho sea de paso, impera en el país aún “en la mejor familia” de la 4T.

Hagamos un poco de historia: En 2007, a Ramiro López Obrador se le reprobó la cuenta pública del ejercicio 2006 por presuntos malos manejos de 50 millones de pesos. De alguna forma pudo librar la justicia y la cárcel y hoy forma parte de la administración estatal en Tabasco.

En aquella ocasión Adán Augusto López Hernández defendió, como diputado local del PRD en el Congreso del Estado, a Ramiro López Obrador; y ahora, por lo visto, le tocará defender como gobernador de Tabasco a Concepción Falcón Montejo, esposa de su cercano colaborador.

López Hernández afirmó en 2007 que la reprobación de la cuenta pública de Ramiro López representaba una declaración de guerra del PRI, pero que el hermano de Andrés Manuel no estaba solo. “Quieren despertar al Tabasco bronco”, amenazó entonces.

Ahora, de acuerdo a lo que externó el presidente de la república en su conferencia matutina, Adán Augusto López Hernández le dio una explicación que, por el momento, exculpa a Concepción Falcón, porque todavía no existe un dictamen del Congreso del Estado que justifique el desfalco de la hacienda municipal. ¿Acaso tendrá razón Roberto Romero del Valle al precisar que la separación del cargo, del cabildo en pleno de Macuspana, fue para dar impunidad a los presuntos ladrones?

El otro caso es el de Pío López Obrador, ampliamente conocido por el video que se difundió en medios de comunicación convencionales y las benditas redes sociales, en el que el hermano del presidente recibe dinero de dudosa procedencia, y Andrés Manuel se vio en la necesidad de bautizar ese acto como “aportaciones” voluntarias del pueblo.

Otro presunto desvió de 80 millones de pesos se le adjudicó, en su momento, a su cuñada Jessica Moreno, esposa de Arturo López Obrador, quien se desempeñaba como oficial mayor de la Secretaría de Educación del estado de Veracruz, durante la administración de Javier Duarte.

Sassón

¿Sacrificará Realmente Andrés Manuel López Obrador a sus familiares señalados de corrupción o los defenderá soterradamente aunque la historia lo condene por faltar al principio de “no mentir, no robar y no traicionar al pueblo”?