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Eugenio Hernández Sasso

Juan Carlos vive en Gaviotas Sur sector Valle Verde, su casa se inundó tres veces: dos en octubre por encharcamientos al no funcionar el cárcamo y una por el desborde del río Grijalva en noviembre.

El miércoles 16 de diciembre la Secretaría de Bienestar publicó en la lista la letra de su apellido y se alistó para ser de los primeros en llegar al Parque Tabasco.

Se despertó a las 3:00 AM y llegó a la sede a las cuatro de la madrugada. Sin embargo, ya no fue de los primeros porque delante de él habían miles formados en una kilométrica línea.

Esperó a que a las 11:00 de la mañana empezarán a entrar los habitantes de las diferentes colonias de Villahermosa con apellidos de la “H” a la “L”, creyó que pasaría rápido pues la dependencia a cargo de Javier May presumía que “en cinco minutos doña Marilú recibió su apoyo de 10 mil pesos para limpieza y rehabilitación de su vivienda afectada por la inundación”.

Adolorida de las piernas, aguantándose las ganas de ir al baño y haciendo acopio de paciencia esperó hasta las 20:00 horas. Sí, 16 horas después de permanecer en esa interminable fila que atravesaba el fraccionamiento Brisas del Carrizal y llegaba hasta La Selva, logró entrar al Parque Tabasco.

Ahí una mujer que portaba una playera con la leyenda de Bienestar daba instrucciones apoyada de un altavoz. De acuerdo a la comunidad correspondiente y a la letra de su apellido bebían hacer una nueva fila para entrar a la nave dos, y, finalmente, cobrar el abhelado apoyo de 10 mil devaluados pesos.

Al llegar con el funcionario correspondiente y entregar dos copias de su credencial de elector y el talón con el número de folio que le fue proporcionado al ser censado por los “siervos de la nación”, el nombre de Juan Carlos Hernández no apareció en la pila de documentos que estaba en la mesa. Lo buscaron en el sistema y le dijeron: “le toca ir a cobrar el próximo viernes 18 a la Universidad Tecnológica”.

Cansado y desmañanado después de permanecer parado 16 horas salió totalmente molestó y frustrado. Juan Carlos había sido una víctima más de la desorganización, desorden e irresponsabilidad de quienes gobiernan y operan ese programa de apoyo.

En su tiempo de espera hizo plática con sus vecinos de fila y por lo menos cinco personas le comentaron que estaban extremadamente agotados porque en días anteriores habían asistido a la Universidad Tecnológica y, desafortunadamente, les había pasado lo mismo que a él; es decir, “de allá los mandaron para acá y de acá los enviaron para allá”.

En este programa el desorden es perfectamente bien organizado, y a López Obrador, de quienes miles de tabasqueños se sentían orgullosos porque había llegado a la Presidencia de México, no le interesa que sus paisanos hayan perdido todo en sus casas por la decisión que tomó de inundarlos debido a “un error de cálculo” de Manuel Bartlett, director de la CFE, en el sistema de presas hidroeléctricas del Alto Grijalva.

A Javier May tampoco le preocupa, al igual que al presidente, que sus paisanos en desgracia sean expuestos tantas horas a las inclemencias del tiempo, y, en época de pandemia, a un potencial contagio de coronavirus Covid-19 que pondría en riesgo sus vidas y la de sus familias.

Como la historia de Juan Carlos se escriben miles al día en Tabasco desde el domingo que inició la entrega de apoyos a damnificados por inundación, y, para colmo de males, quienes hablan al número de teléfono 800 639 4264 terminan más confundidos, porque allá les dan una informacion y en los centros de pago les tienen otros datos.