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Con certeza ha escuchado o dicho los siguientes adagios: “La primera impresión jamás se olvida”;

“A cómo te ven te tratan (o te contratan también aplica)”; “Una imagen dice más que mil palabras”; etc. Y para bien o para mal de las personas, estas frases son ciertas, por ello, es imprescindible que cuidemos nuestra apariencia personal en cada uno de los ámbitos donde nos desempeñamos, ya sea con amigos, familiares, en la oficina, y desde luego, con clientes, proveedores y socios.

Si bien es cierto que sentirse bien por dentro (gozar de buena salud y paz espiritual) contribuye a reflejar una imagen de bienestar, ¿qué creen?, esto igualmente es válido a la inversa, es decir, si de manera externa lucimos presentables y pulcros para las audiencias, y éstas se toman el tiempo de comunicárnoslo de manera verbal, se genera una autopercepción de satisfacción y agrado con lo que se mejora la autoestima. Entonces, se infiere que preocuparse y ocuparse de la salud interior, así como de nuestro aspecto exterior, redunda en un círculo virtuoso que potencializa nuestra imagen.

Después de redactar las líneas anteriores, cabe decir que en esta ocasión abordaré la temática de la importancia e impacto del atuendo en la creación, mantenimiento y cambio de imagen; esto, por las siguientes razones de peso: primero estimado lector(a), vestirse no es sólo cubrirse (no estamos en la época de las cavernas); segundo, la ropa y los accesorios que portamos informan, envían mensajes hacia los diversos públicos con los que interactuamos, dando como resultado la generación de percepciones sobre nosotros, y la razón es simple: el vestuario es un elemento que forma parte de la comunicación no verbal, la cual tiene un peso del 93% -según el Dr. Lair Ribeiro-, en la impresión que causamos en los interlocutores.

¿De verdad importan las apariencias? La respuesta categórica es sí. Presentaré dos ejemplos que son oportunos para apuntalar el sí brindado como respuesta. En el momento en que visitamos la sección de libros en un centro comercial, y nos detenemos a observar títulos, en varias ocasiones el factor que nos “mueve” a comprar determinado texto es el diseño de la portada (esto se presenta cuando el libro está envuelto de fábrica y no se permite abrirlo para leer algunas hojas del interior).

Otro ejemplo es cuando tenemos la oportunidad de elegir entre una variedad de galletas exhibidas en un anaquel, pero no tenemos la experiencia de conocer el sabor de ellas; ¿cómo hace para decidirse? Las personas analíticas responden que toman el producto y leen su composición, lo cual es válido para una determinación razonada, pero al preguntarles qué los impulsa a tomar en primer lugar un paquete de galletas, la respuesta más escuchada es: por la imagen del envoltorio.

Boothman (2006) afirma que el vestuario tiene un papel protagónico en los primeros noventa segundos en que usted se propone establecer una conexión con sus congéneres. Como bien lo dijo la reina de las modas Coco Chanel: “Si una persona está mal vestida, uno se fija en lo que lleva puesto; en cambio, si se viste de manera impecable, uno se fija en la persona”.

En el plano laboral, es de gran relevancia la ropa y accesorios que portamos, particularmente si buscamos una promoción, y qué decir de un proceso de selección para ingresar a una empresa de las catalogadas de “clase mundial”. Aprovecho para evocar el comentario realizado por una profesora de posgrado que nos impartió la asignatura acerca de RR.HH., donde dijo que la organización donde se desempeñaba como subdirectora del departamento de personal, en su proceso de selección, específicamente cuando los candidatos eran citados a la entrevista, los dirigían a una sala donde se hallaba un sofá que permitía que al sentarse mostraran su calzado, por supuesto con la intención de observar el estilo, cuidado, marca y sobre todo qué tan gastada estaba la suela; para algunos, resulta exagerado que hasta en ese detalle (la suela del zapato) sean valorados los aspirantes, para otros, lo consideran necesario dependiendo del puesto vacante, donde la apariencia sigue jugando un papel importante (también los conocimientos y experiencia), ya que no se debe omitir que un colaborador es concebido como un “embajador” de la empresa, y su imagen permea en ella.

Es interesante lo que nos plantea Boothman (2006, p. 150): “Vístete para el trabajo que quieras, no para el trabajo que tienes. Haz que tu jefe te imagine haciendo presentaciones importantes, no devorando el directorio telefónico. Usa tu vestuario como una manera de presentar tu personalidad con estilo”.

Después de todo lo expresado aquí, ahora le corresponde hacerse una “auditoría” de imagen, para esto, debe responder con objetividad a las siguientes interrogantes acerca de la manera en que se viste para trabajar:

1. ¿Me veo profesional? (Prestar atención a los detalles le hace verse como un profesional. Si usted se ve profesional, suele sentirse profesional.)

2. ¿Va de la mano mi aspecto personal con mi vestuario? (Buen corte de cabello; uñas arregladas; dientes blancos; etc.)

3. ¿Envía mi calzado el mensaje correcto? (Una de las primeras cosas que los hombres ven en las mujeres y las mujeres en los hombres, es su calzado.)

4. ¿Tengo en buen estado la ropa y los accesorios? (Atención a los detalles: buen planchado; sin manchas ni botones sueltos; zapatos bien lustrados; cartera y maletín en óptimas condiciones; etc.)

5. ¿Se ajusta bien su ropa a su cuerpo? (Verificar que la talla sea la correcta, ni demasiado grande ni demasiado pequeña)

6. ¿Qué mensaje comunico a los demás con mi atuendo? (Accesibilidad o Autoridad) Recuerde que su indumentaria informa mucho de usted. Lo invito a que deje una impronta de buen gusto y estilo en su ámbito profesional y personal.

De ahora en adelante, además de cuestionarse frente al espejo cómo luzco, respóndase en primer lugar la interrogante número seis (¿Qué mensaje comunico a los demás con mi atuendo?).

Gracias por leerme.
Autor: Héctor Cámara Ordaz. / Comunicólogo – Profesor Universitario – Capacitador 

Organizacional. 

e-mail: hecaor_07@yahoo.com.mx

Celular: 9931561707

En Linkedin me encuentras como: Héctor Cámara Ordaz

blog: elabcdelaimagen.wordpress.com
REFERENCIAS.

Boothman, N. (2006). Cómo conectarse en los negocios. Estados Unidos: Grupo Nelson.

Ribeiro, L. (2000). La comunicación eficaz. España: Ediciones Urano.