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René Alberto López

En próximos días, para ser exactos el domingo 14 de octubre, se reunirán el presidente electo Andrés Manuel López Obrador y el gobernador de Tabasco, Arturo Núñez Jiménez.

Según el anuncio, sostendrán un desayuno privado, por lo que el encuentro ha levantado expectativas y opiniones encontradas entre los sectores de esta entidad del sureste.

López Obrador se apresta a hacer historia, mientras que Núñez está a punto de concluir la suya, en territorio tabasqueño, y será el pueblo el encargado de consumar el juicio final sobre su gestión.

Entonces, más allá de la foto, de cubrir apariencias y enterrar el cruce de acusaciones entre Núñez y López Obrador, en cuya elección por la alcaldía de Centro alcanzó el más alto fervor, los tabasqueños esperan, esperamos, que ese encuentro sea favorable para los gobernados.

Debe ser un diálogo constructivo, con un mensaje de unidad  y, sobre todo, coronado con un moño de resultados concretos.

Tabasco no puede seguir siendo rehén de los pleitos políticos. Precisamente las desavenencias entre los hombres dedicados a la política, son responsables directas de los casi 30 años de atraso en esta zona del sureste.

Aquí lo hemos escrito en varias ocasiones, la mayor parte del presupuesto ha sido destinado para destruir el adversario en las competencias electorales, y el resto desaparece por arte de magia. Salvo en el proceso electoral del 1 de julio último, que no se percibió una operación del aparato gubernamental.

A ellos obedece, pues, que Tabasco, hoy por hoy, es el estado más mohoso en infraestructura en el sureste mexicano, y, no citamos otros rubros igual de importantes.

Por eso, López Obrador y Núñez Jiménez, por el bien del estado, obligados están a dejar de un lado sus diferencias, si es que las hay, y pasar a empalmar voluntades a favor de estas tierras sumidas en el subdesarrollo.

Hoy, no hay pretexto para sacar al estado de la barranca. Andrés Manuel tiene en un puño el poder nacional, y, Núñez Jiménez, con el apoyo de su paisano, aún puede construir final de sexenio saludable y, pavimentarle un arranque cómodo a Adán Augusto López Hernández.

Veamos esta receta casera: cuando el guía de un hogar se queda sin empleo, sin dinero y no tiene ninguna propiedad para vender, pero carga la necesidad de llevarle el sustento a su familia, lo primero que piensa es prestar dinero a un amigo o familiar, que devolverá cuando la situación mejore, pero su gente no se puede quedar sin comer.

Bien. Hoy, el gran problema de Tabasco es la falta de circulante, pues el gobierno del estado le debe hasta al señor de las empanadas. Si el problema no se resuelve de fondo, no solo habrá un cierre de sexenio, quizá más dramático que el de Granier, sino que Adán recibirá un gobierno colapsado con protestas callejeras.

¿Cuál es la solución? El dinero. No hay más. Y, ¿dónde hay dinero y, que lo presten? En los bancos. ¿Entonces?, si ya llevaron al estado a este extremo, que tanto es tantito, no queda más que reinventarse en el próximo sexenio, pero por lo pronto hay que resolver lo que tenemos enfrente.

Porque al final de cuenta las que sufren son las familias de los trabajadores de educación, del sector salud, del Congreso del estado, tele secundaria y muchos otros grupos que han tomado las calles para exigir el fruto de sus trabajos, sin olvidar los laudos en los municipios.

La clase trabajadora es la que finalmente paga las consecuencias originadas por pésimos administradores.

Entonces, si es que la hubo, la tensión entre Obrador y Núñez podría aliviarse este domingo, para convertirse en alianza. De este modo, pueden acordar un préstamo de última hora. Habrán críticas, claro, de los que no están en el ajo. Pero los sufridos burócratas y los proveedores les aplaudirían. No se vale que sigan pagando justos por pecadores.

Un especialista en tema de administración pública, contó al columnista que hoy el gobierno de Tabasco tiene margen de un empréstito de hasta ocho mil millones de pesos. Desde luego, no es necesaria esa cantidad de dinero, pero con unos dos mil millones se saldría del hoyo, además, me explicó, tienen un periodo de dos años de gracia. Esto es, comenzarían a pagar hasta finales de 2020.

Y, ¿dónde sacarían el dinero para pagar?, preguntarán los contreras. Bien, hay que recordar que el distanciamiento entre Núñez y Obrador fue porque el gobernador rehusó presentar una controversia constitucional para exigirle al gobierno de Enrique Peña, una participación justa a Tabasco por la explotación de hidrocarburo.

Luego entonces, ahora López Obrador en unos días más será el presidente de México, y Morena tiene el control de la Cámara de diputados federal, del Senado y del Congreso del Estado, por lo que podrían cumplir, sin problemas, toda formalidad legal.

Por si fuera poco, apenas se acaba de dar a conocer el descubrimiento de siete yacimientos de crudo, algunos de ellos cerca de la costa de Paraíso. Hay más argumentos para devolverle las participaciones que le han quitado al estado. No hay pretextos.

Y del presunto déficit millonario en el presupuesto de esta administración, según alegan no pocas voces, se podría aplicar el estilo de Pancho Villa, quien decía: “Fusílenlo, después averiguamos.” Así, consigan dinero, resuelvan la crisis de medicamentos y pagos en el sector salud, por ejemplo, y el gobierno entrante averigüé dónde quedó la bolita y, si hay responsables, aplique la ley.

Ahí se las dejo…