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René Alberto López

Parafraseando “Poema para un menú”, aquel que comienza así: “las novias pasadas son copas vacías, en ellas pusimos un pocos de amor”.

A esa construcción literaria, los ciudadanos y, los periodistas, podríamos hacerle un arreglo, para que quede más o menos de este modo:

“Los gobernantes son copas vacías, en ellos pusimos un pocos de amor el néctar tomamos… huyeron los días… ¡Traed otras copas con nuevo licor!”.

El tema surge porque después de los resultados del 1 de julio en algunos quedó la imagen de que la prensa “ya no sirve”, sobre todo, después de escuchar una frase del discurso que lanzó en el Estadio Azteca, el gran triunfador de la noche: “benditas redes sociales”.

Si retrocedemos en el tiempo, la prensa sería, comprometida con la verdad, ha jugado un papel preponderante en la historia de los pueblo, no la pueden, ni podrán borrarla de la noche a la mañana.

Algunos medios, por supuesto, sirven para enaltecer a gobernantes incapaces, voraces y autoritarios, incluso para endiosarlos, cuando son auténticos dictadores, pero en medio de esa gran bruma de aduladores, siempre surgen y se imponen las plumas profesionales,

con credibilidad, capaces de desnudar a los villanos para contarle al pueblo y al mundo la realidad.

Anastasio Somoza Debayle, por ejemplo, dictador de Nicaragua, que tuvo 10 años en el poder (en dos periodos) era dueño y señor de ese país, como lo fue su padre Anastasio Somoza García, décadas atrás.

La mayoría de la prensa de esa nación, desde luego, estuvo sometida a sus designios y decían maravillas del dictador y sus políticas, mientras estuvo en el mando, pues Somoza utilizó el dinero del gobierno para someter a los periódicos de la época.

Pero su caída fue estrepitosa, sembró odio, actuó con venganza y cosechó el repudio popular, por lo que tuvo que exiliarse en Asunción, Paraguay, en donde fue asesinado. Hasta allá lo siguieron sus enemigos.

Hoy, todo el mundo ignora las alabanzas de aquella prensa que lo adulaba, pues la verdad se impuso y las nuevas generaciones de nicaragüenses y del mundo conocen a los verdaderos Somozas y, el daño que le hicieron a su pueblo.

Por cierto, el periodista mexicano Jaime Avilés, de quien hablé en la entrega de ayer, hizo una memorable entrada periodística en la que resume “la última patada de ahogado”, el ocaso, pues, del dictador Anastasio Somoza, escrito en Managua en junio de 1979.

Ese texto lo recogió y publicó un día después de la muerte de Avilés, la reportera Blanche Petrich, otra extraordinaria periodista:

‘‘Dueño de los volcanes, de las llanuras, de los lagos, de los litorales, de la selva, de los pájaros, de los tiburones de agua dulce, de la niebla, de las reses y las piedras y los negocios y los soldados y la lluvia y de todo cuanto hay en el cielo y en la tierra de este país, amo y señor de Nicaragua, el general Anastasio Somoza hizo que anocheciera hoy aquí a las cuatro de la tarde. Y no es cuento’’.

Así, como el testimonio de Avilés, muchas plumas latinoamericanas se encargaron de acumular, de reportear la verdad y solamente la verdad del gobierno atroz, autoritario, despiadado y criminal de Somoza.

Hoy, gracias a la prensa, es lo que conocen las nuevas generaciones de Nicaragua, de América Latina y del orbe.

Para eso sirve la prensa, para contar la historia de los pueblos. Me refiero a los periodistas profesionales que cuidan con celo supremo su credibilidad, ante los lectores.

De este modo, respondo al respetable empresario tabasqueño, entrado en la tercera edad que, dos días después de la jornada electoral del 1 de julio, en céntrico café de Villahermosa, me lanzó una pregunta a “bote pronto” que me sonó más a sentencia”:

“¿Para qué escriben a diario ustedes?, si las redes son las que mandan, ya lo dijo López Obrador”.

Le pregunté si me leía, me dijo: “claro, todos los días compró el diario Rumbo Nuevo, yo no uso celular”.

Le dije entonces que para personas como él, la prensa tradicional seguirá haciendo la tarea, desde el esquema impreso, claro, sin

descuidar su incursión en la supercarretera del internet y, prometí responderle con argumentos, en una columna, su pregunta. Respondió que estaría atento.

Así, a nosotros nos toca escribir la historia de los pueblos, contarle a las generaciones venideras lo bueno y malo de los políticos de nuestros tiempos y, de sus gobiernos.

Y nuestra materia prima es la información, los archivos, discursos, propuestas y documentos. Decía el gran Gabriel García Márquez que periodista sin archivo era periodista muerto.

Y es que los gobernantes pasan, las letras quedan.

Ahí se las dejo…