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René Alberto López

Hablando de la falta de oportunidades de trabajo en suelo choco, he oído a personajes respetables, manifestar: “Tabasco ya no se levanta, seguiremos peor”.

No me atrevería a suscribir tremendo pronóstico pesimista, yo me apunto entre los tabasqueños que no abandonaremos el barco, y confiamos que se saldrá del hoyo en que estamos.

Por lo pronto, ahí la llevamos. Permítanme, pues, que les cuente lo que este escribidor ha observado en el desarrollo de las campañas electorales. Empecemos por el principio:

Para la elección de Tabasco se registraron 3 mil 334 candidatos, que se disputarán el 1 de julio 427 cargos a elegir por votación popular, claro, entre ellos los seis abanderados a la gubernatura, lo mismo que aspirantes a regidores.

Recordará el lector que son 21 diputaciones de mayoría relativa en el ámbito local, y a ello sumémosle seis distritos en la elección federal.

De ese total, excluyendo a suplentes y a integrantes de planilla de candidatos regidores, estimamos que caminan por calles de comunidades y colonias unos 400 candidatos pidiendo el voto. Los hay del PRD, partido en el gobierno, PRI, Morena, PVEM, PAN, PT, Panal, Movimiento Social (MC), Encuentro Social (PES), así como los independientes.

Traigo a colación el tema, tras escuchar que el desempleo, después de la inseguridad, será uno de los principales problemas a enfrentar por los próximos gobernantes en tierras chocas.

En el debate entre los seis candidatos al gobierno de Tabasco, los ciudadanos escuchamos que una de las preguntas giró en torno al primer lugar que ocupa el estado en personas desempleadas.

Todos sabemos que el principal factor fue el despido masivo de trabajadores petroleros, tras la reforma energética, cuyos efectos golpearon principalmente a los estados de Tabasco y Campeche.

Así, cada uno de los aspirantes a gobernador hizo sus propuestas a fin de abatir este problema.

Bien. En estos tiempos surgieron empleos temporales, llamémosle así, al calor de las campañas electorales que, aunque no viene a resolvernos el problema de fondo, cuando menos al enfermo le sirve como un calmante a sus dolores.

Si usted viera la cantidad de gente que camina con cada candidato se sorprendería. No son pocos: hay brigadistas, choferes, personal de logística, personal de seguridad.

Además, en los recorridos caminan médicos, abogados, quienes atienden las peticiones que les formulan los pobladores a los candidatos. Sin faltar reporteros y fotógrafos.

Aparte de ello, en las oficinas permanecen secretarías, estrategas políticos, personal de limpieza, lo mismo que los encargados de acarrear lonas, playeras, gorras, y demás souvenir que regalan en las colonias y comunidades.

De este modo, toda esa gente se empleó durante los más de dos meses de campaña, y, durante estos días el movimiento de circulante ha sido notable en el estado.

Por supuesto, no es una solución, pero al menos están disfrutando por unos días el ocuparse en las campañas, y, en recibir un salario, por cierto, bien sudado.

Después de 1 de julio será otra situación, pero no olvidemos que “cada día tiene su afán”.

¿De dónde sale el dinero en abundancia para pagar ese personal? Se preguntan muchas personas y, me lo han manifestado algunos lectores.

Ese es otro cantar. Pero intenté mostrarles en esta entrega, ese punto bueno de la competencia electoral, el de emplear a muchas personas, es lo mejor de las campañas políticas, pues han generado empleos directos e indirectos. Lo malo es que ya se va a terminar.