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René Alberto López

Se preguntará el lector, qué rayos tiene que ver un futbolista con un político. Al final se los cuento.
Como todo México sabe, después del debate presidencial, cuando muchos apostaban que se moverían los números y que podrían subir los candidatos Ricardo Anaya, del Frente, y José Antonio Meade, del PRI, la verdad, la verdad, no pasó gran cosa.
La desventaja del panista es amplia, y, Meade prácticamente ya tocó fondo. Esta situación la tienen clara en los dos bandos, por eso Ricardo Anaya, quien cree que podría alcanzar al tabasqueño, anda puenteando con la gente de Peña Nieto para tratar de lograr una alianza de facto contra López Obrador.
Sin embargo, se están empastelando porque en la esquina del PRI consideran que el voto útil debe buscarse para el abanderado del tricolor, mientras que otros empujan a favor del ex presidente del PAN.
Ahora bien, la premisa básica es saber cómo le hará Anaya para aliarse con el grupo de Enrique Peña Nieto, a sabiendas de que se han dado hasta con la bacinica.
“Pero todo sea por mantenerse en el poder”, diría don Tano, tabasqueño de viejo cuño, y es que como nunca, el grupo en el poder de tecnócratas que han comandado a este país en las últimas décadas, cada día que pasa ven más lejana la posibilidad de bajar al puntero.
Como reza conocida porra: “se ve, se siente”, habrá un nuevo régimen en México, por eso, empresarios aquí de Tabasco, que antes eran fervientes detractores de López Obrador, ahora se ven mesurados en sus críticas, otros de plano se han ido al proyecto del tabasqueño.
Se nota que el ambiente electoral es desfavorable para el grupo en el poder, y ha metido en razón a gobernadores del PRI y del PAN, que antes mostraron su rabia contra AMLO, pero ahora ven que se agiganta la posibilidad de que les toque seguir gobernando con un Presidente distinto a su partido, y, metieron a la enfriadora su bravuconada.
Aquí, en tierras chocas, aunque son minorías, existen los “Malinchocos”, se trata de esos tabasqueños que más por envidia que otro cosa, están en contra de López Obrador, no quieren ver, no quieren entender, no quieren razonar, que sería una gran oportunidad para que a esta entidad y al sureste les vaya cuando menos mejor que como estamos.
Ahí está el ejemplo del Estado de México, tierra de Peña Nieto y del grupo político Atlacomulco, que en este sexenio recibió inversiones del gobierno federal como nunca antes. Desde luego, de ese lugar es el Presidente de México.
Y, para aquellos que se desgarran las vestiduras para que un tabasqueño no llegue a la Presidencia, porque aseguran nos iría mal, muy mal. Pregunto ¿Acaso estamos bien, con el desempleo, los gasolinazos, y la creciente inseguridad a lo largo y ancho del país?
Otra pregunta: ¿Por qué la Ciudad de México, en donde se encuentra nuestra alma mater (UNAM), ciudad que gobernó López Obrador, el de Tabasco gana todas las elecciones? ¿Estarán mal de la cabeza los millones que viven en el antes Distrito Federal?
Ahora bien, para aquellos que le restan capacidad a López Obrador y dicen a pies juntillas que el de Macuspana “no podría con el paquete”, porque no le damos un voto de confianza a la izquierda.
El PRI nos ha gobernado durante décadas, el pueblo fastidiado lo sacó del poder, llegó el PAN, gobernó 12 años, y no pasó nada, por el contrario nos metió en esta guerra contra el crimen organizado que aún no acaba. Regresó el PRI, y bastaron seis años para darnos cuenta que no aprendió la lección.
Aquí es donde entra el caso del futbolista Hugo Sánchez. En el mundial de 1994, jugado en Estados Unidos, en el partido contra Bulgaria que se empató a 1 gol en el juego reglamentario, luego a 0 en tiempos extras, y perdimos en los tiros desde los 11 pasos 3-1.
En ese juego todo el estadio pedía, coreaba la entrada de Hugo Sánchez, nuestra futbolista estrella. Pero el entrenador Miguel Mejía Barón se empeñó en no meterlo a jugar.
La gran incógnita hasta nuestros días circula en el sentido de que si hubiese entrado a jugar Hugo Sánchez, habríamos ganado ese partido y conseguido un mejor resultado en ese mundial. Nunca lo sabremos.
Así, si López Obrador, a quien una gran franja de mexicanos clama por verlo en Palacio Nacional y gobernando este país, no logra la Presidencia, nunca sabremos si fracasaría con más de lo mismo, o, hubiese logrado un buen gobierno, un régimen diferente a los que hemos padecido los mexicanos.
Ahí se las dejo…