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René Alberto López

En relación al debate de los cinco candidatos presidenciales, nos quedamos con las apreciaciones del diario nacional La Razón. Y es que el matutino, en la  portada de su edición impresa del lunes, sintetiza la postura de cada uno de los exponentes.

Solo con la aclaración de que las propuestas de Meade no fueron ninguna lumbrera, suscribimos la tapa de dicho diario, porque consideramos se trata de una visión periodística imparcial, a pesar de que para ese tabloide no es monedita de oro el candidato a vencer.

Consigna el rotativo: Meade: las propuestas. Anaya, el ataque; López Obrador flotó. Margarita emotiva. Bronco, las ocurrencias.

Sin embargo, el diario nacional La Jornada también expresa una verdad inobjetable de lo ocurrido en el encuentro, cuando titula: “Todos contra AMLO”.

Ahora bien, los diestros en el tema estarán de acuerdo que era de esperarse esa avalancha de ataques en tumulto, contra el tabasqueño Andrés Manuel López Obrador, puntero en las encuestas.

Ello se estila en toda competencia electoral, tratar de bajar al que encabeza los estudios demoscópicos y, en esta ocasión, con mucha más razón, pues el personaje es un real opositor al sistema.

Ricardo Anaya, por cierto, lució bien portado, todo un gentleman, sin restarle capacidad para la oratoria, pero tiene un anti imán, llamémosle así, porque no termina de enchufar con la gente.

Me refiero a esa mayoría de mexicanos, colmada hasta el hartazgo de más de lo mismo. Tampoco encaja Anaya con otra franja, con la de los sectores de la izquierda tradicional, a sabiendas de su formación panista, sin pasar por alto el peligro que significa para el país la organización ultraderechista el Yunque.

La izquierda auténtica ve, así, reflejado a grupos de ultraderecha como el Opus Dei en Anaya, y consideran a tales organizaciones, un verdadero peligro para México. ¡Ay! de los que desconozcan esta parte de la historia del país.

José Antonio Meade, candidato adoptado por el PRI, para no pocos es el competidor más preparado, académicamente hablando. Pero los hechos nos demuestran que ni los niños de 10, ni los buenos discursantes, son garantía de buen gobierno.

El caso de Meade es aún más dramático que el de Anaya, pues es aplaudido por los dueños del dinero en México, por la prensa reaccionaria, por los rabiosos anti AMLO, pero es vomitado por la gente de abajo, por los pobres de esta nación que, lamentablemente para el candidato priísta y seguidores, son la mayoría.

Por eso, tal vez, los asesores del paisano Andrés Manuel López Obrador le aconsejaron que, aunque estuviera a punto de explotar, “no cayera en las provocaciones”.

Así, se vio a un político tabasqueño con el coraje del trópico caliente por dentro, pero puso en práctica aquello de “corazón caliente y cabeza fría”, esto es, jugó con el marcador y salió librado del vendaval de “quienes le echaron montón”.

Y es que López Obrador no podía exponerse, mantiene un colchón de 22 puntos a su favor en la encuestas, sobre el más cercano perseguidor y, como en el futbol, tiene que saber manejar el partido cuando se va ganando.

Por ejemplo, si llevas una ventaja de 5 goles a 0, para qué atacar. Hay que cuidar ese marcador y, si por descuido te meten un golecito, no pasa nada.

Por eso, el paisano “nadó de a muertito”, o bien, como consignó el diario La Razón, solo “flotó”, y lo mismo hubiese hecho cualquiera de sus adversarios, si fueran adelante.

Debido a ello es que el escritor y analista político Héctor Aguilar Camín, en la mesa de debate organizada por el canal Televisa, la noche del lunes concluyó: “Por supuesto, al salir solo rasguñado en el debate, se trata de una victoria para López Obrador”.

Se refirió, por supuesto, a la amplia ventaja que lleva el tabasqueño, por lo que era obvio, sería la piñata en el debate. Ya pasado el encuentro, todo hace suponer que se cumplió aquella frase acuñada por el de Macuspana: “ni una pluma le quitaron a mi gallo”.

Margarita Zavala  y el Bronco pasaron sin pena ni gloria. Nada tienen que hacer en esta competencia electoral, mucho menos el de Nuevo León, que es un defraudador de firmas, un tramposo, pues, y fue montado de última hora en el debate, para servir de esquirol.

Se puede destacar del Bronco, que con su comicidad se llevó la noche. Sus tremendas ocurrencias, hubiesen encajado en un programa del desaparecido comediante Roberto Gómez Bolaños.

Ahí se las dejo…