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Eugenio Hernández Sasso

En la elección de 2018, en Tabasco, es casi seguro que se manifestará el fenómeno del “voto de la deslealtad”, a través del cual ganará el candidato que tenga la capacidad de convencer a la mayoría de ciudadanos de diferentes partidos, para que se unan y apoyen su proyecto rumbo a la gubernatura, principalmente.

¿Por qué se dará este fenómeno? Porque la gente ya no cree en los partidos. De acuerdo con algunos estudios en manos de aspirantes a candidatos independientes, ocho de cada diez tabasqueños ya no quieren saber nada de institutos políticos y están decididos a sufragar por la persona o a no votar.
Quizá esa sea la razón por la que el Partido Revolucionario Institucional (PRI) decidió no impulsar a un abanderado a la Presdencia de la República cien por ciento priista como Miguel Osorio Chong, sino más bien se inclinó por José Antonio Meade, con tendencia ciudadana, preparado en el área financiera, quien podrá presentar una propuesta viable para abatir los índices de pobreza, desempleo, y, con ello, la delincuencia que priva en México.
Volvamos al tema de Tabasco. Claramente se nota que en esa entidad del Sureste de la República mexicana el sistema de partidos está a punto de caducar. No hay una organización que esté exenta de división, desprestigio y desgaste, incluído Morena que se estrena como participante en el proceso electoral 2017-2018 para contender por la gubernatura.
La mayoría de aspirantes a suceder a Arturo Núñez coincide en que el PRI tiene muy pocas, casi nulas, posibilidades de ganar con cualquiera de sus mejores cuadros; el PRD, por su parte, tiene la difícil tarea de asignar al mejor de sus representantes; el PVEM no sabe si aliarse o ir solo a la contienda; el PT recoge desechos de otras organizaciones para tratar de mantener su registro, y así sucesivamente.
Todos coinciden que Gerardo Gaudiano es el puntero en el PRD, pero su partido tendrá que decidir entre él con los mejores números, y José Antonio de la Vega, quien goza del afecto del gobernador; o por Fernando Mayans Canabal, quien tiene la posibilidad de crecer en la contienda.
Morena es el fenómeno del momento. En Tabasco, aspirantes y líderes de diferentes partidos consideran en sus análisis que el aspirante de Morena a la Presidencia de la República, Andrés Manuel López Obrador, podría conquistar unos 700 u 800 mil votos de la lista nominal.
Esto los lleva al adiestramiento de sus correligionarios a sufragar de manera diferenciada. Es decir, los enseñan a que voten por López Obrador, pero en el caso de la gubernatura les piden que decidan por el mejor hombre, lo mismo que en las presidencias municipales y diputaciones locales.
A Morena se le viene encima una segura división con la designación de candidatos a diputados locales, federales, senadores y alcaldes, pues ya existen inconformidades de algunos que solo esperan que alguien los busque y los abandere para cobrarse el no haberlos tomado en cuenta
Eso podría mover el marcador, debido a que Adán Augusto López, virtual abanderado de Morena al gobierno de Tabasco, no es el mejor de todos.
¿Por qué veremos un abultado voto desleal? porque quienes están inconformes con sus partidos buscarán dar un castigo ejemplar y se aliarán al mejor postor.
Ya no es seguro aquello del voto duro. Por ejemplo, si en el PRI prevalece la idea de favorecer solamente al grupo de Georgina Trujillo Zentella y desechar a Ignacio Lastra Marín, Ady García López, Nicolás Bellizia Aboaf y la bien formada estructura de Benito Neme Sastré, van a perder miles de sufragios que se diseminarán entre Morena, PRD y PVEM.
En el caso del PRD, si van con el candidato de los afectos y no con el más competitivo, los resultados serían negativos más que positivos.