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Eugenio Hernández Sasso

Los tabasqueños quisieran creer que los dichos del gobernador Arturo Núñez y su secretario de Finanzas, Amet Ramos, son reales y que el fin de año no habrá crisis financiera, que todos festejarán felices y contentos las fiestas decembrinas.

Los burócratas de todas las dependencias esperan que el gobierno del estado cumpla, en tiempo y forma, con el pago de sus dos quincenas y sus respectivos aguinaldos, especialmente en las secretarías de Educación y Salud, para que no se repita la historia de hace seis años.

La comunidad universitaria anhela que el rector de la UJAT, José Manuel Piña Gutiérrez, consiga dinero extra para pagar puntualmente a trabajadores administrativos y de intendencia, así como a profesores e investigadores, a fin de que no veamos paralizada la institución de educación superior, bloqueos en la avenida Universidad, marchas y mítines por todas partes.

Los tabasqueños quisieran imaginar un escenario como el que supone Arturo Núñez y sus colaboradores, pero los hechos no se los permite, pues para empezar no les pagaron (por segundo año consecutivo) el “Buen fin” y eso augura un “mal fin”; en los sectores salud y educación sufren para que les solventen sus quincenas por el estreñimiento financiero, y proveedores y empresas editoriales siguen en espera de que les liquiden contratos y servicios desde hace un año.

El discurso no concuerda con la realidad, es como si los gobernantes actuales vivieran en un mundo fantástico perfecto en el cual, para ellos, todo está bien aunque el estado se encuentre destrozado, endeudado, inseguro, secuestrado por quienes en 2012 prometían desarrollo, certeza y cambio verdadero, entre otras cosas, y al final todo resultó un sueño de terror.

En Tabasco, para sus gobernantes, nada de lo que el pueblo comenta es cierto; para ellos su trabajo ha sido el mejor, las finanzas son las más sólidas, fuertes, sanas y libres de conflictos, no hay corrupción y menos impunidad; la inseguridad no existe en su vocabulario, aunque la gente llore diariamente la pérdida de un familiar que fue asaltado en la periferia del palacio de gobierno, secuestrado, violado o despojado de su raquítico patrimonio.

Por ello, tal vez, el último mensaje sexenal se perdió en el viento. Las palabras sonaron huecas en un auditorio reducido al 25% de su capacidad porque no llegaron todos los invitados; no hubo respaldo de gobernadores del Sureste de la república y hasta el representante presidencial abandonó el Centro de Convenciones a la mitad de una extensa y amodorrada perorata.

La única esperanza restante es que el presidente electo, Andrés Manuel López Obrador, rescate financieramente a su estado natal este fin de año, y así todos festejen contentos el nacimiento de Jesús; que le proporcione también a José Manuel el dinero que le hace falta, para que no le llueva la “Piña” en la UJAT.

Sin embargo, es necesario que el nuevo presidente no se olvide de pedir cuentas; que le digan ¿qué se hizo el dinero del presupuesto? ¿Por qué las cuentas no cuadran? ¿Por qué hay un déficit tan grande en la hacienda estatal y en la UJAT cuándo Pemex les inyectó tanto dinero durante seis años? ¿Será que en realidad una persona tiene expropiadas las finanzas de Tabasco?

Bueno, la idea es que no haya problemas, pero que también se investigue el destino del dinero que le pertenece a todos los tabasqueñospara que pueda haber una extraordinaria reconciliación.