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Es bueno saber que habrá reconciliación en el país, pero es malo que bajo el abrigo del restablecimiento de la concordia habite la impunidad, porque sería tanto como permitir que aquellos corruptos, antecesores a la cuarta transformación, se vayan “lisos” (como dicen los chamacos) a disfrutar con descaro y cinismo su mal habida fortuna.

También fue bueno saber que quienes habrán de recibir el gobierno en los próximos días, prometieron hacer grandes proezas: disminuirían salarios onerosos, bajarían el precio de las gasolinas, construirían grandes obras, combatirían con todo la corrupción y sacarían a los pobres de la pobreza (sin empobrecer a los ricos), pero es muy malo saber que recibirán un país en “bancarrota”, o lo que se haya querido decir, y, con ese argumento, no se cumplan la mayor parte de los compromisos adquiridos con el pueblo, que, dicho sea de paso, simplemente morirá porque engañado ha estado toda su vida.
“Primero los pobres” parece un dicho de mal gusto cuando se ve a los futuros gobernantes reunirse con los dueños del dinero, con representantes de poderes fácticos, con la oligarquía de su municipio, estado y país, mientras que aquellos ilusos que votaron copiosamente por el cambio que siempre soñaron son aislados por vallas metálicas y, aunque quisieran, no tienen acceso a quienes ahora se sienten poderosos (y en verdad lo son), pues todos deben entender que su trato ahora será entre iguales, no con la “pelusa” pueblerina.
Es bueno saber que en Tabasco, con la disposición de Beatriz Milland, por fin se logró abolir el fuero constitucional mediante el cual se escudaban funcionarios con cargos de elección popular, pues ahora estarán, de acuerdo a la nueva legislación, en las mismas condiciones que cualquier ciudadano común para enfrentar la ley, pero es malo escuchar comentarios en el sentido de que hará falta “arrestos” de las autoridades para enjuiciar a las nuevas camadas de ricos que saldrán (algunos ya salieron) del gobierno a finales de 2018.
Desde hace por lo menos tres décadas se han escuchado frases que calan verdaderamente en el corazón del pueblo, tales como: “Tabasco es un estado rico con un pueblo pobre”, y “no pueden seguir saliendo de la administración pública camadas de ricos cada tres y cada seis años”. Ahora es tiempo de pasar del dicho al hecho, investigar de dónde proviene la fortuna de aquellos que hace tres y seis años no tenían “ni petate en qué caerse muertos”, y ahora compran en Palacio de Hierro, circulan en autos último modelo de marcas automotrices que ni Andrés Manuel las tiene, y se convirtieron en finqueros que derrochan dinero como ninguno.
Sería reconfortante para Tabasco y su gente que ha trabajado toda la vida y no ha podido acumular tanta riqueza como quienes asaltan los cargos gubernamentales, que se hiciera justicia ahora que al Congreso del Estado de Tabasco llegó la mayoría del Movimiento de Regeneración Nacional y se logró la revocación del fuero que tantas vueltas le dio la 62 Legislatura, representada por José Antonio de la Vega Azmitia.
Si la eliminación del fuero es la mejor forma de combatir la corrupción, entonces se debe empezar por limpiar la casa. Hay por lo menos tres diputados que públicamente han sido exhibidos en redes sociales y no precisamente por actos de honestidad: Dolores Gutiérrez Zurita, ex coordinadora general de Comunicación Social y ex directora general de TVT; Ricardo Fitz, ex titular de Sernapam, y Agustín Silva, ex secretario de Transporte. ¡A darle con todo, menos con miedo!