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Eugenio Hernández Sasso

El PRI tiene, en su próximo proceso interno de elección de dirigentes nacionales, la oportunidad de renovarse o morir y quedar sepultado en la historia política del país con fulminantes derrotas en las contiendas electorales de 2021 y 2024.

Entre los aspirantes a dirigir el tricolor claramente se nota quiénes representan los intereses de aquellos que se resisten al cambio y quién tiene la oportunidad de escuchar, caminar junto a la militancia, hacer las cosas bien, fortalecerse y lograr que los resultados adversos de ahora se conviertan en experiencias que le permitan alzarse con futuras victorias.

Existe un bloque formado por José Narro Robles, Ulises Ruiz Ortiz e Ivonne Ortega, quienes buscan a toda costa apoderarse del PRI con el argumento de que devolverán ese partido a su militancia. En el caso de Narro, ¿cómo podrá devolver el PRI a sus militantes alguien que solo ha militado en teoría?

El doctor Narro, con todo respeto, diría el clásico, no conoce siquiera al partido que quiere dirigir, jamás ha competido por un cargo de elección popular y seguramente no sabe lo que es operación política. Tal vez por eso busca hacer alianza con Ulises Ruiz, a quien se le conoce como el “mapache electoral” más famoso de todo el país.

Por cierto, este martes 4 de junio el oaxaqueño Ulises Ruiz estuvo con Roberto Madrazo Pintado en Tabasco, en el homenaje luctuoso al ex gobernador Carlos Alberto Madrazo Becerra.

Ambos personajes, seguramente, buscan hacer de las suyas en la próxima contienda interna del tricolor, pues se presume que en 1994 el oaxaqueño “ayudó” al tabasqueño a ganar la elección de gobernador, mediante el fraude en contra de Andrés Manuel López Obrador.

Los tres aspirantes, aliados con los dinosaurios que llevaron al PRI al desastre, no se cansan de torpedear al gobernador de Campeche, Alejandro Moreno Cárdenas, quien por su responsabilidad en el cargo que ostenta no ha hecho campaña abierta hasta ahora pero goza de la simpatía no sólo de 11 de 12 gobernadores priistas en el país, sino de una gran cantidad de líderes formales y naturales que solo esperan el grito de guerra desde la Ciudad de las Murallas para iniciar una campaña que despejará las dudas de quién cuenta con el poder de la gente.

Alito es un político joven, con una gran carrera y experiencia partidista pues ha ocupado desde cargos de dirigencia municipal en el tricolor, puestos estatales y compromisos partidistas nacionales; ha sido dos veces diputado federal, senador de la república y gobernador de su estado con buenos resultados.

Como muestra de ello, Campeche es uno de los estados más seguros del país y, a pesar de la crisis por la caída en el precio del petróleo, la entidad ha crecido económicamente más que en los sexenios anteriores.

Está claro que en el momento en que Alejandro Moreno se separe del cargo para competir por la dirigencia nacional de su partido, sus adversarios tendrán que reconocer que al gobernador de Campeche lo conoce la militancia de todo el país y, seguramente, no tendrán mucho qué hacer frente a la gran cantidad de priístas que simpatizan con él.

Es tiempo de que en el PRI cambien las cosas para que ese partido eleve su nivel de competencia en las futuras elecciones de 2021 y 2024, pues en tiempos anteriores los primeros sorprendidos de quienes llegaban a la presidencia del Comité Ejecutivo Nacional de tricolor eran los mismos priístas, quienes jamás habían visto a los representantes de la tecnocracia pero se los imponían como dirigentes.

El Revolucionario Institucional, creo yo, debe recuperar su esencia de partido político y convertirse, en este tiempo, en una verdadera oposición al gobierno.