Seleccionar página
El “justiciable”, como llamó el juez Marco Antonio Forte Tapia al exgobernador de Veracruz, reconoció estratégicamente su responsabilidad por los delitos de lavado de dinero y asociación delictuosa.

CIUDAD DE MÉXICO (ADNPolítico) – “En base a los principios de institucionalidad y legalidad que rigen mi conducta, sí, su Señoría”, contestó el exgobernador de Veracruz, Javier Duarte, con voz firme al juez Marco Antonio Forte Tapia al preguntar si se declaraba culpable de los delitos de lavado de dinero y asociación delictuosa, que le valieron una condena de nueve años de cárcel.

Sentado al lado de su defensa, un Duarte mucho más delgado y con barba “hipster” hasta el pecho, escuchó uno a uno los 47 datos de prueba que la Procuraduría General de la República (PGR) fue enumerando por cerca de tres horas.

Ahí estaban las 21 parcelas que en contubernio con Moisés Manzur y José Juan Janeiro adquirió en Lerma, Campeche, a precios por debajo de su costo; los tres departamentos de Santa Fe, en la Ciudad de México, que serían para sus hijos; los de Torre Pelicano en Boca del Río, Veracruz, y los Ixtapa Zihuatanejo, Guerrero. Una por una se fueron enlistando las 41 propiedades que el juez también determinó le fueran decomisadas.

Conoce más: La pareja Duarte -Macías acumula propiedades millonarias

Los testimonios de quienes le habrían ayudado exmandatario a desviar los recursos del estado para su beneficio, también se escucharon en el salón 2 del Centro de Justicia Penal Federal del Reclusorio Norte, donde este miércoles se realizó la audiencia del exmandatario veracruzano, que se ha vuelto el símbolo de las corrupción en México.

Entre pruebas y pequeñas bromas

Duarte, escuchaba y observaba atento a través de sus lentes de pasta carmesí sujetados con un cordón negro que le rodeaba la nuca. Lucía tranquilo. De vez en vez volteaba a ver a su abogado Ricardo Sánchez Reyes Retana, a quien le hablaba al oído y con quien bromeó al terminar el primero de dos breves recesos.

Vestido en completo tono beige, Duarte permaneció tranquilo durante las casi seis horas de audiencia que comenzó pasadas las 16:00 horas, justo cuando el cielo comenzaba a tronar anunciando tormenta. Pero Duarte y sus defensa sabía que esa tarde el agua no los mojaría.

Te puede interesar: En carta desde prisión, Javier Duarte niega tener propiedades

Hacia las 19:00, se señaló que con base en las pruebas presentadas, la hipótesis era que el exgobernador era responsable de los delitos de asociación delictuosa y operación de recursos de procedencia ilícita debido a que “por sí o por interpósita persona, pretendió invertir recursos con el conocimiento de que proceden o representan el producto de una actividad ilícita”.

“El justiciable”, como le llamó el juez , tampoco se inmutó y siguió pasando las hojas de los expedientes que tenía frente a él. Los acusadores soltaron el castigo que pedían: 4 años y seis meses de prisión por cada delito y 990 días de multa. Además de la inhabilitación de sus derechos políticos y el decomiso de los bienes.

Era algo esperado para la defensa, puesto que desde antes de que empezara la audiencia se reportó que se pediría un procedimiento abreviado con el que Duarte renunciaría a su presunción de inocencia. Cuando se estaban describiendo los inmuebles que serían decomisados, Sánchez Reyes Retana aprovechó para darle una palmada en al espalda

Recomendamos: Desapariciones y fosas clandestinas, las marcas de la violencia en Veracruz

Sí su señoría, las palabras de Duarte en la audiencia

Cerca de las 20:00, la fiscalía había acabado y era turno del juez. ¿Alguno de los bienes de los que piden el decomiso está a su nombre?, cuestionó. La respuesta fue negativa. Preguntó a las partes si hay aclaración u oposición a lo expuesto y al recibir respuesta otra vez negativa, revisó sus anotaciones, sus documentos, mientras Duarte tomaba unas pastillas de un pequeño frasco, luego preguntó a los acusadores por qué pedir la inhabilitación sino plantearon una agravante porque los delitos los cometió cuando era gobernador, por lo que la fiscalía mejor decidió desistir.

En la última parte, el juez le pregunta al “señor justiciable” si tiene dudas y él responde: “ninguna su señoría”. Continúa con los cuestionamientos: ¿Está informado? ¿Está aquí conscientemente? ¿Se le dio la información? ¿Se le dieron las opciones? ¿Comprendió las implicaciones? Para lo que Duarte respondía con la misma sonata: sí su señoría.

Solo hubo una pregunta en la que no contestó así. ¿Es responsable de los delitos que se le acusan?, dice. “En base a principios de institucionalidad y lealtad que rige mi conducta, sí su señoría”, afirma. Lo vuelve a cuestionar: ¿admite su responsabilidad? “En base a los principios…”, repite también.

Al final el juez calificó las pruebas de “congruentes, idóneas y pertinentes” y dio su veredicto: 9 años de prisión, contándolo desde su detención en abril de 2017, y 58,890 pesos de multa y del decomiso de las 41 propiedades. Duarte se quedó en su lugar relajado, no parecía sorprendido ni enfadado por lo sucedido. Todo conforme a lo planeado.

Ve además: Javier Duarte se declara culpable y recibe condena de 9 años de prisión

A la salida del penal, su abogado explicó que analizan impugnar la decisión pues el exgobernador reconoció su responsabilidad para poder someterse al procedimiento abreviado y que su condena no pueda ser incrementada, pero insistió en que “no hay medio de prueba alguno dentro de las constancias que integran el expediente penal que acredite que algún recurso proveniente del estado de Veracruz hubiera ingresado al patrimonio de Duarte de forma ilegal”.

Al parecer eso lo sabía Duarte desde desde el inicio por eso mantuvo durante toda la sesión una postura tranquila y relajada. Digna de alguien que sabe que lo único que tiene que hacer es decir “sí su Señoría” porque al final todo saldrá bien.