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Eugenio Hernández Sasso

Contagiada por violencia hasta de género, hoy estamos en víspera de la jornada electoral de este domingo 1 de julio, quizá la más importante de toda la historia de México, porque el pueblo podría elegir bien y avanzar hacia la paz y el desarrollo que todos anhelamos o dar un salto al vacío que más adelante traería desalentadoras y graves consecuencias.

Estamos ante una elección inédita porque muchos mexicanos han perdido la capacidad de analizar y razonar, lo cual los hace apasionarse y defender proyectos fundamentados en la mentira, tal como la de acabar con la corrupción por medio de corruptos de toda la vida que no cambiarán su mentalidad ni su actitud con tan solo transmutar de un partido a otro.

Estamos en la antesala de una elección en la que muchos traicionarán a sus institutos políticos en los cuales militan y sufragarán por otras marcas, como es el caso del senador priista Humberto Mayans Canabal, a quien ya le suspendieron sus derechos políticos por anunciar que votará por candidatos de manufactura contraria a la de su organización.

En esta jornada lo ideal sería que la gente razone y acuda a las urnas con cordura, para que al final de cuentas, gane quien gane, todos celebremos una fiesta democrática y, a partir del 2 de julio, esperemos los mejores resultados de quien resulte triunfador.

Nadie quiere lo peor para México, nadie quiere lo peor para Tabasco, nadie quiere lo peor para su estado o municipio, familia, economía o su desarrollo personal. Todos queremos oportunidades para prosperar, pero sin duda no se logrará con políticos que durante toda su vida han sembrado división, odio y rencor en el pueblo, convirtiéndose en protagonistas de la descomposición de toda nuestra república.

Quien gane la elección de presidente de la república, gobernador, diputados locales, federales o alcaldes este domingo, habrá recibido el mejor premio a su perseverancia y a la mejor estrategia proselitista realizada.

Habrá algunos quienes la mayoría de sus aliados hoy fueron sus adversarios ayer. La mayoría de la gente honesta que los sigue y es capaz de dar la vida (o quitarla probablemente) por ellos, fueron los corruptos de antaño que, inclusive, agredieron y desplazaron a los fundadores del movimiento que empezó en 1988 con el anhelo de alcanzar un verdadero cambio.

México está a punto de elegir a un nuevo presidente, solo que ahora lo hará con un voto desleal. México está a punto de realizar un cambio en la historia pero con un sufragio de odio y resentimiento, de frustración y tal vez de una equivocada esperanza. Es casi seguro que quienes militan en un partido votarán por un candidato de otra organización, al fin y al cabo el sufragio es libre y secreto, lo malo podría ser el precio que al final se pague.

Los tabasqueños ya padecieron por emitir un voto fincado en la mentira y la deslealtad. Los tabasqueños no razonaron su decisión y lo hicieron apasionadamente en 2012, sin darse cuenta que los movía la pasión, el resentimiento y el deseo de venganza. Lo hicieron sin pensar que los partidos no gobiernan, quienes lo hacen bien o mal son las personas. Ojalá y México no cometa el mismo error, porque las consecuencias las pagaremos todos.

Mail: sasso89@hotmail.com